lunes, 12 de diciembre de 2011

¿quién da más?

Esta casa que compramos hace un año y habitamos hace unos 7 meses tiene muchas cosas hermosas, otras no tanto, otras definitivamente feas. Entre las primeras está el parque y sus árboles. Hay un magnolio del cual (como se habrán dado cuenta) estoy más que enamorada. Sigo como si fuera una novela cada movimiento de las magnolias, dónde hay pimpollos, cuando se abren, cuántas hay. De vez en cuando corto alguna para perfumar la cocina. Además, el magnolio tiene la forma típica de arbolito que dibujamos en la escuela. Y unos verdes que me inspiran un cuadro que voy a empezar estos días, cuando termine el que estoy haciendo. El parque también tiene un ciruelo lleno de frutas que estamos por cosechar, esperando el equilibrio justo entre dulzor y acidez. Ese ciruelo nos recibió hace un año, cuando entramos por primera vez a esta casa. Aquella cosecha resultó muy abundante, creo que llenamos unos cuantos baldes, sobró para empacharse y regalar ciruelas a varias personas. Así que en breve veremos qué surge este año, que promete algo similar al pasado. El aguaribay, no tiene un aspecto muy afortunado, para qué negarlo. Le salen unos pirinchos del tronco que creimos que era una planta parásita y cortamos, hasta que vimos otro, con los mismos pirinchos. Además, será feucho pero tiene carácter, porque esa poda no hizo más que darle fuerzas para sacar unos pirinchos más gigantes. El paraíso, lo quiero porque me hace acordar a mi época de escuela primaria. Tira los famosos venenitos, amarillos, redonditos, asquerosos, que uno usaba de munición en alguna guerra improvisada en la vereda del colegio. El pino es el más alto, y está parasitado por una especie de pompones, pobrecito, no le crecen bien las hojas, uno de estos días le voy a empezar a sacar esos cositos con una escalera, a ver si remonta. Tenemos un ciprés muy venido a menos que podría funcionar como árbol de navidad. Pero está muy castigado el pobre, no lo sacamos un poco porque nos da pena, y otro poco porque tenemos otros ítems en la lista de prioridades. Y aquí llegamos al meollo del post, luego de la amable introducción a este terreno. Tenemos dos higueras. Cada una da muchos higos. No somos fanáticos de los higos, pero nos gustaría disponer de ellos para comer, regalar, cocinar algo. Acá chocan los árboles con otra de las cosas hermosas que se disfrutan de esta casa, los pájaros. Vienen de visita muchos tipos de pájaros, son lindos, les tiro pan, se quedan, me encantan. Excepto por la plaga de loros que para esta época se instalan en las higueras y se comen los higos maduros. Basta para que un día vislumbremos uno que está casi a punto y planifiquemos cosecharlo al día siguiente, para que algún loro se lo clave antes. Llegar a buscarlo y que solo quede la cáscara ya nos da una bronca...y se nos va la ecología al carajo. En esos momentos se escuchan cosas vergonzosas e impracticables como "loros de mierda, vamos a darles con un rifle de aire comprimido", "vamos a cazarlos y venderlos como el chino cirujano", "hay que buscar los nidos y voltearlos", "debe haber algún aparatito que los ahuyente como eso que se usa para los murciélagos", etcétera. Mi última idea fue comprar una especie de malla de tul o algo similar y fabricar una bolsa gigante que cubra al árbol pero no le tape el sol. Impracticable también por el poco tiempo del que dispongo para hacer ese tipo de tareas. Aquí apelo a su inventiva, necesito que me digan qué hacer para que los loros no me caguen TODOS los higos. Leo atenta sugerencias. Desde ya, se agradece cualquier tipo de idea.

2 comentarios:

Fer dijo...

Al loro pelado del cuento de Horacio Quiroga, lo auyentó un tigre, pero creo que no sería buena idea tener un tigre. Lo siento, es todo lo que sé de loros.

yalu dijo...

zarpados los loros,lo del tul es medio complicado ajaj
...me encantan todos tus arboles!!!!